Cuotas de muerte para la Seguridad Democrática

Un muerto es una tragedia y un millón de muertes son una estadística” - Josef Stalin

Aunque el régimen uribista hubiera preferido que esta máxima fuera un principio Nazi, el oscuro régimen de Álvaro Uribe sigue este principio Estalinista al pie de la letra.

La Tragedia

El drama que existe en cada muerte que ocurre bajo el gobierno de Uribe, se ve opacado por el diario conteo de miles de muertes sin rostro que se acumulan en las cifras oficiales. En este caos no hay tiempo ni oportunidad para que nuestra sociedad llore a ese individuo que vivió a través de una personalidad única y singular; la muerte de miles engulle ese drama individual y lo convierte en números y titulares de prensa, que solo sirven al régimen y al mantenimiento del Status-quo.

Los sueños de una persona que nació, creció, amó y fue amada; de un ser que sufrió, lloró, fue feliz y sonrió, esos sueños son reemplazados por un nombre, unas iniciales y un número que llenan una larga lista de muertos y desaparecidos en las bases de datos, mientras sus huesos comidos por la muerte son desempolvados por los arqueólogos forenses que a diario desentierran el horror de los crímenes de Estado. Los nombres y los números no tienen rostro humano, como tampoco lo tienen las calaveras sin piel sacadas de las fosas comunes.

Los Hechos

Lo que sucedió aún es confuso, aunque el origen de todo este dolor es claro: Otro crimen de Estado. La tragedia comenzó con la exhumación de los cuerpos de 11 jóvenes, con edades entre  los 17 y los 32 años, quienes habían desaparecido en Soacha y en el sur de Bogotá entre los meses de enero y agosto de este año. Sus cadáveres aparecieron, misteriosamente, en Villacaro, Ábrego y Ocaña, en el departamento de Norte de Santander, luego de haber sido reportados por el Ejército como muertos en combate y de haber sido sepultados en fosas comunes como N.N.

Las dudas acerca de los oscuros motivos que envolvieron su muerte se incrementaron con la aparición de un reporte de Medicina Legal, en el que esa entidad afirma que 9 de los jóvenes murieron entre uno y dos días después de su desaparición, mientras que en los otros dos casos no pasó más de una semana entre la desaparición y la aparición de los cuerpos, razones por la que crecieron también las  sospechas sobre la versión oficial del Ejército.

Además, a los pocos días se hizo pública la desaparición de otras 23 personas en Risaralda, quienes, por una rara casualidad, fueron reportadas en el Eje Cafetero como muertos en combate en los departamentos de Quindío, Caldas, Antioquia y Santander. Ahora, se cuentan por docenas los desaparecidos que están en una lista de muertos en combate en diferentes regiones del país y en el momento en que escribo esto, siguen encontrando más víctimas para incluir en su fría lista.

Las Declaraciones

El general Paulino Coronado, comandante de la Brigada 30 del Ejército en el Norte de Santander, le aseguro a los medios de comunicación, sin recato de duda, que los jóvenes pertenecían a las bandas emergentes (bonito nombre para los mismos paramilitares de siempre) y que murieron en combates con el ejército luego de una ardua operacion de inteligencia.

Luego, el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, socio del periódico El Tiempo, descaradamente aceptó que - lo que él denomina como - “un reducto de la Fuerza Pública” sigue exigiendo una cuota de cadáveres para presentar resultados positivos en el desempeño de sus funciones. Sin embargo, este macabro personaje también admitió, en un arrebato de sinceridad ante lo inocultable, que hay coincidencias raras entre los desaparecidos y los muertos en combate, aunque también dijo que se resiste a pensar que todo esto es cierto.

Ahora, si lo que afirman estos oscuros funcionarios fuera verdad, si esos jóvenes ingresaron realmente a los grupos paramilitares, en qué momento se incorporaron, entrenaron, viajaron y fueron muertos en combate a 18 horas de camino y casi 700 kilómetros de distancia de sus casas? No se necesita ser ministro para cuestionarse sobre lo que está pasando, ni tampoco se necesita ser una persona de inteligencia superior para hacerse estas preguntas:

Quiénes fueron las personas que le dijeron a ese ministro del régimen uribista que aún existen unidades que exigen cuerpos para mostrar resultados? Cómo lo supieron? Cuáles unidades están pidiendo esos resultados? Quiénes son los comandantes de esas unidades y quiénes los ejecutores?  Dónde están sucediendo esos hechos abominables? Qué pruebas existen?

Las Respuestas

En medio del horror, el siniestro ministro uribista se limita a dar declaraciones simplistas ante los medios oficiales mientras deja a un lado el verdadero sentido de esos macabros hechos, con lo cual solo ayuda a alimentar las dudas que flotan en el aire.  Por qué el ministro no le responde a las familias de esos jóvenes la razón de su muerte, en vez de responderle a los medios oficiales de difusión?

El ministro Santos debería salir públicamente a decirle a las personas que hoy están llorando sus muertos, la razón por la que las gloriosas Fuerzas Armadas sacrificaron esas vidas para enriquecer las cifras de la Seguridad Democrática.

Esa es la respuesta que necesitamos oír… es la respuesta que en silencio sabemos.

Aunque fuera cierto lo que sugieren los medios cuando afirman que se fueron tras el sueño de conseguir “dinero fácil”, nada justifica su reclutlamiento, las mentiras con las que los engancharon, ni tampoco su cruel asesinato (u homicidio como dirían los juristas). Lo único cierto es que todos tenían la esperanza de mejorar su sustento y el de sus familias; tenían el sueño de hallar una simple alternativa económica. Al final, esos jóvenes solo encontraron que en realidad eran una cifra más en los planes de la política de Seguridad Democrática. Eran sangre para los vampiros del régimen.

Sin embargo, todo esto poco le importa a quienes controlan este régimen de terror. Mientras su poder aún esté seguro, la sangre de esos inocentes habrá cumplido a cabalidad con su objetivo y su círculo se habrá hecho cada vez más fuerte. Mañana este “pequeño” escándalo será opacado por un nuevo matrimonio en la alta sociedad capitalina, celebrado en Cartagena; por una nueva denuncia contra la oposición; por una nueva baja insurgente, o simplemente, sera opacado por la indiferencia ciega de los millones que siguen al régimen mesiánico de Uribe.

La Verdad y el Cambio

La verdad en el trasfondo de la muerte de esos jóvenes, es la verdad que sustenta el cambio estructural e institucional que necesita nuestra nación; es el sustento del justo, fuerte e impetuoso levantamiento contra la autoridad del régimen uribista y sus cimientos de maldad.

Si no hay cambio, nadie va a llorar esos muertos jamás.

Fernando

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  1. 1 El complot de Rito Alejo del Río y Fernando Londoño | Fernando Reyes - Blog
    Dirección Pingback a 7 Oct 2008 @ 4:03 pm

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