No entiendo. Si el gobierno afirma a gritos (y con amenazas e intimidación) que las elecciones y el acto legislativo que aprobó la reelección no están viciados, qué sentido tiene la convocatoria de un referendo para que se decida si se repiten las elecciones? Dicen ellos que es para dar transparencia y para dejar de jugar con la credibilidad y la institucionalidad del ejecutivo (para dejar tranquilo a Uribe), pero la razón es que el gobierno autócrata se va a gastar miles de millones de pesos para tender otra cortina de humo sobre lo que en realidad se está discutiendo.

En una de sus rabietas agropecuarias, el patriarca propone la activación de ese mecanismo como respuesta a la decisión de la Corte Suprema en el caso de Yidis, en donde más de un funcionario adepto y seguidor de esa secta salió involucrado. Pero, como es habitual en los megalómanos cuando no se cumple su suprema voluntad, este señor montó en cólera, dio ruedas de prensa y ordenó acudir al mecanismo del referendo para validar la legitimidad de su gobierno. No suena a medida desesperada?

Pero, la verdad, no lo necesita. Convocar a referendo, realizarlo y acudir de nuevo a las urnas, es solo la dilapidación más asquerosa de dinero en un país tan pobre como el nuestro. Los millones de sufragantes que lo apoyaron (aunque están mermando a diario) saldrán en multitudinarias jaurías a votar de nuevo lo que se les ordena desde palacio. Y bueno… hablando de mayorías, la verdad es que ese famoso 84% (si es que realmente existe) salió de esas encuestas que supuestamente miden la población con muestras representativas… Pero, no sé qué de representativas tienen las personas de esas pequeñas muestras urbanas que usualmente son de clase media y alta, con acceso a teléfonos, centros comerciales, oficinas, etc, a donde los encuestadores suelen acudir.

Será que unos cuantos cientos o miles de personas son representativos de nuestra sociedad, sobre todo cuando pertenecen a muestras urbanas? No alcanzo a imaginar a estos personajes que viven de la opinión ajena, viajando durante días a las más ocultas veredas a preguntar la opinión de quienes a duras penas saben donde está ubicada la cabecera municipal más cercana… Esa es la verdad del 84%

Los verdaderamente afectados en la tragedia humanitaria no podrán hacer parte de los planes de Su graciosísima majestad. Los millones que viven en el campo, en el exilio, en los semáforos de las grandes ciudades.. esos… esos no podrán votar porque simplemente no tienen voz. Para esa otra realidad del país, es más importante el plato diario y la leche de los niños, que el referendo, la reelección o la parapolítica… es una cuestión de supervivencia. Si no hay para la sopa en la mesa, a quién se le puede ocurrir pensar en política, ah? Qué persona en sus cinco sentidos va a pensar en votaciones, política o referendos, cuando corre el riesgo de sufrir desplazamiento, muerte o torturas?

Sin embargo, si aún queremos pensar que existe algún vestigio de verdad en ese 84%, me gustaría repetir lo que dijo el periodista en el exilio, Felipe Zuleta, en un mensaje desde su grupo en Facebook (Uribe se convirtió en dictador):  “En 1957 el entonces dictador General Rojas dijo que a su gobierno solo se oponían el 1% de los Colombianos, (pero)  quienes lo tumbaron empezaron a repartir escudos y calcomanías que decían “Yo soy del 1%”. Ahora nosotros vamos a demostrar que somos la mayoría del 16% que no lo apoyan en las manipuladas encuestas. Llamen a sus familiares, amigos y compañeros y díganles que los necesitamos en la mayoría formada por el 16%

La maquinaria populista del protodictador es fuerte, sólida y violenta, pero carece del apoyo de quienes aún tenemos ojos para ver y corazón para sentir. Aunque ya han desaparecido a miles, no podrán desaparecer a los millones que aún quedamos… pero es cuestión de dejar la indiferencia a un lado, abrir los ojos y no dejar que las hordas uribistas tomen las decisiones por nosotros.

Para demostrar que el 16% es mayoría, apoyemos la convocatoria para marchar el 3 de julio, a partir de las 4 de la tarde, desde la plazoleta de la Plaza de Toros hasta a Plaza de Bolívar, en Bogotá, en apoyo a la Corte Suprema de Justicia y en contra del referendo uribista. Si no podemos asistir, hagámoslo desde donde estemos, con el corazón.

Fernando